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Los dos pollitos de Ana

Ana Samuels - 6to grado

Los dos pollitos de Ana - Lecturas Ferrini Panamá

Esta es la historia de una pequeña niña llamada Ana, que se ganó dos hermosos pollitos en una fiesta de vaqueros. Esta tuvo lugar en un ambiente que estaba decorado al estilo de las ferias o los patronales de los pueblos del interior.


Ana asistió con sus padres y hermanos. Todos estaban vestidos de acuerdo a la ocasión: camisas a cuadro, botas, sombreros de vaquero y pantalones de jean. La fiesta inició con los juegos típicos, tales como ruletas, tiros con arco y tiros de dardos; también se vendían boletos para la rifa de algunos premios. La diversión era mayor cada momento; mientras más pasaban las horas, más invitados llegaban, todos vestidos de vaqueritos. Ana jamás había asistido a una fiesta tan maravillosa, en la que todos respetaran el tema del evento.


Se repartieron palomitas de maíz con caramelo, algodón de azúcar, raspados, pinchos de carne y todo lo que se puede comer en una feria de vaqueros.


Luego hubo una función, con la cual todos la pasaron súper bien. El payaso Pin Pin comenzó a llamar a los niños para hacer varios concursos; de entre todos, escogió a Ana y a su prima para el juego de las sillas. ¡Allí fue donde Ana ganó sus dos pollitos! La niña se alegró muchísimo, porque siempre les había pedido a sus padres que le compraran unos pollitos, pero nunca lo hicieron.


Continuó la fiesta, pero Ana no podía pensar en otra cosa que no fueran sus dos nuevas mascotas; estaba tan emocionada cuidando a los pollitos, que dejó de jugar con sus primitas y amigas. Los celaba mucho, ya que eran muy chiquitos y no quería que les hicieran ningún daño.


Llego la hora de la piñata y los niños comenzaron a formar la fila, pero Ana seguía cuidando y jugando con los pollitos.


Luego se cantó el cumpleaños y ya era hora de irse a casa. Ana y su familia tomaron el autobús para llegar a su hogar; los pollitos se portaron muy bien durante todo el camino.


Una vez en casa, llegó la hora de dormir y es cuando los pollitos comienzan a piar muy fuerte. Todos en la familia se miran las caras unos a otros; la mamá preguntó: – ¿Ana, esto es lo que vamos a aguantar toda la noche? –. Ana le responde con una sonrisa: – sí mami, porque ellos también tienen derecho a expresarse; ja, ja, ja… –.


Al día siguiente, Ana les puso nombres; Pepa y Pepe los llamó. Todos los días jugaba con ellos y les daba de comer; les encantaba el arroz, pero no el alimento de pollo.


Crecieron y llegaron a pesar hasta 6 libras cada uno. Todos los que los veían decían que estaban muy gordos y que eso era malo para ellos, ya que el exceso de grasa alrededor de su corazoncito podría ser perjudicial.


Un día, Ana llegó de la escuela y encuentra a toda su familia preocupada; enseguida se dio cuenta que algo pasaba. La niña empezó a llamar a Pepe y a Pepa, pero estos no iban. Entonces, la mamá le dijo que los pollitos habían muerto. ¡Ese fue el día más triste de la vida de Ana!


La niña pasó una semana llorando cada vez que llegaba a casa y no los encontraba, realmente les había tomado mucho cariño. Al ver lo que pasaba, la mamá se sentó con ella y le dijo que recordara todas las maravillosas experiencias que había pasado con ellos. Así lo hizo Ana, se enfocó en los buenos momentos.


Tiempo después, Ana estaba mejor. Colocó en su mesa de noche una foto del día en que los conoció. ¡Pepe y Pepa siempre ocuparán un lugar en su corazón!


Fin

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